
El filosófo contemporáneo Luc Ferry se pregunta ¿Por qué no prometer al lector que, gracias a la filosofía, podrá “vencer los miedos” sin esfuerzo, acabar con ellos, fulminarlos, para vivir una vida más plenamente creativa?
La promesa, en los tiempos que corren, podría seducir dulcemente. La competitividad es abrumadora, las exigencias cotidianas stressantes. El filósofo no es un sabio, todavía menos un gurú.
La promesa, en los tiempos que corren, podría seducir dulcemente. La competitividad es abrumadora, las exigencias cotidianas stressantes. El filósofo no es un sabio, todavía menos un gurú.
La filosofía es sólo una búsqueda, es el arte de la reflexión, ejercicio de espíritu crítico, iniciación a la argumentación, es un aprendizaje de la vida. Esto y más propone este filósofo francés en su último ensayo. Un buen repaso, para aquellos que teníamos la filosofía apolillándose, guardada en los cajones traseros de nuestra conciencia. Nos recuerda que el esfuerzo de vivir, de pensar y de crear puede tener un aliado en la filosofía, doctrina de la razón humana, practicada por el hombre desde su misma concienciación de habitar, en un paso evolutivo lento, un mundo nuevo, diferente del mundo animal del que proviene. Hoy día, en una realidad que no se entiende cómo no podría no asustar, permanece olvidado este arte de pensar y argumentar por nosotros mismos, doctrina menos ilusoria que la religión y más fundamental, menos “técnica” que el psicoanálisis.
La angustia, esa cosa tísica interna con la que convivimos todos los humanos, es el signo mismo de la lucidez. Imposible eliminarla, va donde quiera que vayamos. Los miedos, especialmente los concernientes a la falta de ideas, al vacío innovador pueden superarse. Sería aprender a vivir con ellos y es lo que la filosofía puede prometer, domesticar nuestros miedos escénicos, hay permiso para generar nuevos proyectos.
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