Los países industrializados han sufrido cambios radicales en diferentes áreas durante las últimas décadas. Las nuevas tecnologías de la información, la comunicación y la biología están configurando de un modo distinto las bases materiales y humanas de la Sociedad, ofreciendo nuevas oportunidades de desarrollo a la vez que crean nuevos problemas: contaminación, agotamiento de recursos naturales, deterioro de la naturaleza y de los seres humanos, etc. Durante años, políticos, directivos empresariales, expertos y miembros de Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) han subrayado la crucial importancia de la creatividad y de la innovación de cara a aprovechar las nuevas oportunidades y resolver los muchos y graves problemas que el mundo -tanto el Norte como el Sur- está afrontando hoy en día.
El desarrollo mencionado significa que los profesionales (ingenieros, arquitectos, diseñadores de sistemas, consultores, directivos, etc.), en tanto que solucionadores de problemas, tienen que afrontar nuevas demandas, resumidas en la solución creativa de problemas en colaboración con un grupo de actores, participantes y usuarios. Esto significa que los profesionales han de ser capaces de redefinir las habilidades necesarias para realizar determinada tarea, así como de acceder a los recursos necesarios para el aprendizaje (aprender a aprender). La cualificación principal a este respecto es la habilidad para facilitar procesos de cambio de una forma creativa, implicando activamente a los participantes y siendo capaz de relacionar la situación problemática con un contexto dinámico generado por diferentes entornos. La esencia reside en la habilidad para alternar entre modos rutinarios, reflexión y creatividad en interacción con todos los agentes vinculados con el problema, en lugar de quedar “encerrado” en uno de esos modos. El enfoque tradicional de la resolución de problemas como un proceso altamente racional y programado es simple y nítido, pero resulta insuficiente si el problema en cuestión es nuevo y constituye parte de un sistema y conjunto de relaciones superiores que también está sujeto al cambio. Por tanto, los métodos creativos son necesarios para resolver problemas en la práctica. Además, aquellos profesionales que trabajan creativamente y facilitan procesos creativos experimentan un contacto continuo con el placer de la creación. Su trabajo en ocasiones llega a convertirse en una actividad artística, lo que contribuye a gozar de una vida plena y satisfactoria.
El pensamiento creativo también puede llegar a ser un estilo de vida, una orientación de la personalidad, un modo de ver el mundo, una forma de interactuar con los demás, una manera de trabajar en equipo, una forma de vivir y desarrollarse. Vivir creativamente significa desarrollar tu talento, expresando tus virtudes, y llegando a ser lo que eres capaz de ser mediante la interacción con otras personas, el auto-descubrimiento y la auto-disciplina. En principio, existen dos maneras de escapar de nuestras más o menos automatizadas rutinas vitales, intelectuales y conductistas. La primera es la inmersión en la ensoñación, o en estados mentales similares a ella, donde las reglas del pensamiento racional están en suspenso. La segunda es también una huída -del aburrimiento, del estancamiento, de los apuros intelectuales y de las frustraciones emocionales- pero en la dirección opuesta, es la revelación espontánea que muestra un evento o situación familiar bajo una nueva perspectiva. El proceso creativo permite al ser humano alcanzar un nivel superior de evolución mental.
La creatividad es un acto de liberación: la derrota del hábito mediante la originalidad.
Ignacio Fernández, Lic. en Marketing, Experto en posicionamiento Web en Google
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